Autónomo persona física vs Societario

Autónomo persona física vs Societario

El pasado mes de junio uno de mis clientes me preguntaba sobre las diferencias entre ser autónomo persona física y ser autónomo societario con una S.L. (Sociedad de Responsabilidad Limitada). Pues bien, esta semana me dirijo a todos aquellos que os hacéis esta pregunta (y que por falta de tiempo en el frenético día a día de vuestro negocio no habéis podido coger el teléfono para llamar al gestor). Permitidme que me cuele en vuestras vidas.

Y voy a empezar citando a José Antonio Martín Herrera, 1º vocal  de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Gestores Administrativos de Madrid en una recomendación muy clara:

Para una persona que empieza una actividad siempre recomendamos empezar desde la forma jurídica más sencilla, y hoy en día más económica, que es hacerlo como persona física.

Así es, yo siempre recomiendo a mis clientes que siempre que el negocio no sea iniciado por más de una persona, el primer paso es hacerse autónomo persona física pues existen varias ventajas. La primera de ellas es que si una persona decide emprender una actividad empresarial y no ha sido autónomo en los últimos cinco años (se exigirán sólo dos años cuando se apruebe el proyecto de Ley Medidas Urgentes para el Autónomo y este entre en vigor -finales del verano, e inicios del ejercicio 2018 para las medidas más complejas-) puede acceder a una base de cotización más baja que el caso de los autónomos societarios, lo cual le supone un ahorro mensual.

Además, a esta base de cotización menor hay que sumarle la existencia de la famosa tarifa plana que puede ser de 6 meses + 6 meses + 6 meses o de 6 meses + 6 meses + 18 meses en función de la edad y sexo del emprendedor. Esta tarifa plana es de 50 € el primer período, 140 € aprox. el segundo período, 190 € aprox. el tercer período y finalmente la cuota completa. Mientras que en el caso de los autónomos societarios, estos no tienen acceso a la tarifa plana y deberán pagar el primer año el 100% de la cuota de autónomo de base mínima (275 €) y una cuota mayor a partir del segundo año (344 € aprox.). Esta pequeña diferencia supone un gasto seis o siete veces mayor en el segundo caso.

Por lo que respecta a la burocracia, el autónomo societario se verá obligado a cumplir con determinados procedimientos y presentaciones a Registros, que el autónomo persona física se ahorra, aunque la actividad del primero sea más sencilla que la del segundo. Estas obligaciones son:

  • Llevar la Contabilidad de acuerdo al Código de Comercio
  • Llevar la conciliación de movimientos bancarios
  • Legalización de libros registro (mes de abril de cada año)
  • Publicación de sus resultados en el registro Mercantil (julio de cada año)

 

La única ventaja que debemos destacar del autónomo societario con respecto al autónomo persona física es la responsabilidad. Así, José Antonio Herreras destaca:

En el ejercicio de la actividad pueden ocurrir contingencias que, en el caso de ser negativas, pueden arrastrar el patrimonio particular del empresario individual, circunstancia en la que un autónomo societario está más protegido"

Es por ello por lo que las Sociedades de Responsabilidad Limitada (SRL ó SL) son las más comunes entre los autónomos societarios, limitando así su responsabilidad al capital invertido.

Finalmente, con respecto a la fiscalidad, comentar que esta también es diferente para uno u otro tipo de autónomo, pues el autónomo persona física tributa por el Impuesto sobre la renta de las personas físicas, que a partir de ingresos de 60.000 € se tributa a un 45%. Mientras que  las sociedades tributas por el Impuesto de Sociedades, con un tipo estándar del 25%.

Por lo que a partir de determinadas cantidades de ingresos habrá que plantearse el cambio de modalidad.

 

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